Divorcio

DIVORCIO: La encrucijada del carrito de compras de Bezos.

El divorcio de Jeff y MacKenzie Bezos es uno de los temas de conversación o #trendingtopics en las noticias desde su anuncio a inicios de la semana pasada. En un mundo donde las redes sociales constituyen el principal aliado y a la vez enemigo de vidas personales y negocios, es interesante que la pareja haya elegido lanzar un mensaje público vía la red social Twitter.

Pero no nos engañemos, este mensaje no fue producto de una velada solitaria al lado de una copa de vino y el teléfono móvil.  Dudo también que haya sido una artimaña unilateral por parte de alguno de los involucrados y sus abogados.  Más bien deja un tono de paz, cordura, madurez, y un frente común, que denota estrategia y estructura.

Esto no significa que la pareja tenga una capacidad más allá de cualquier ser humano para sobrellevar las erráticas emociones de un divorcio.  Sospecho que tienen los recursos para apoyarse y asesorarse en forma correcta, y probablemente lavar la ropa sucia tras bastidores.  Pero además de eso, me da la impresión de que ambos tienen cierta apertura para dejarse asesorar.

Claro que aún es noticia en desarrollo. Hay mucha expectativa sobre el impacto que tendrán los resultados de esta separación sobre el futuro de Amazon, considerando que: 1) la pareja no tenía acuerdo pre-nupcial o capitulaciones matrimoniales, 2) no existía en Amazon un esquema de derechos a voto que ofreciera una respuesta clara sobre el impacto en dirección de una eventual distribución de acciones de Bezos a su cónyuge, y 3) hay elementos emotivos, tales como la supuesta relación previa de Bezos con otra mujer, que podrían prestarse para una volatilidad en las negociaciones de los acuerdos de divorcio.

Mi primera reacción es que en el caso de esta pareja y muchas otras, una corte no necesariamente tendría la capacidad de ofrecer una alternativa con la flexibilidad que requieren los negocios de Amazon.  Sospecho además que los tiempos de una batalla judicial tampoco estarían alineados con la agilidad de las redes y comunicaciones de hoy.  

Yo soy cliente fiel de Amazon, y sufro pequeños ataques de ansiedad cuando mi compra de “one-click” no se ve reflejada en Kindle al regresar de dejar mi taza de café en la cocina.  Sospecho entonces que Bezos está claro sobre el impacto de un prolongado proceso de divorcio en manos de un tercero.  Probablemente si yo fuera él, también querría poder controlar mi proceso, al menos un poco.

La fragilidad de los negocios que es tan evidente en este caso en particular va de la mano con la fragilidad emocional de cada familia que vive un divorcio.  Ambos extremos – negocio y familia – deben cubrirse por igual ya que están intrínsecamente alineados. ¿De qué me sirve ser el “más vivo” o “dar el primer golpe” de una batalla que claramente no va a resolverse en lo que hago mi compra “one-click”?

Habrá quienes discutan que “solo los billonarios” como Jeff Bezos tienen acceso a los recursos necesarios para llevar un proceso de separación tan civilizado.  A esto lanzaría que vemos los hábitos de ahorro de Warren Buffet como un ejemplo a seguir hasta para los presupuestos más austeros.  Manejar las decisiones de vida en forma previsora, no es solo cosa de ricos. 

En el fondo, no se trata de pagar el asesor más costoso.  Se trata de ser estratégico y objetivo al alinear un equipo que pueda brindar el apoyo que requiere el padre, madre o la familia que está frente a una separación. Estratégico al considerar que en un divorcio no estamos hablando solo de pensiones y reglamentación de visita.  En el fondo de la conversación están las metas personales de cada padre, presupuestos y situaciones financieras complejas, y sueños que desde pequeños han acompañado la crianza de sus hijos.

Algunos piensan que en Panamá tenemos poca experiencia con estos temas.  Con seguridad varios de mis colegas abogados que leen esto, habrán comentado una o varias soluciones tanto para la familia Bezos, como para la tenencia de las acciones y estabilidad de Amazon.  Si me preguntan a mi, y si fuera Panamá, yo contestaría: proceso colaborativo y fundación de interés privado.  Pero eso ya es material de otro escrito.   Por el momento, continuaremos dando seguimiento al caso de los Bezos, ya que seguro ofrecerá interesantes precedentes. ¿Qué opinan ustedes?

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